La dieta mediterránea
Según demuestra la ciencia moderna, los pueblos mediterráneos lograron, a través de los siglos, configurar un estilo de vida y uno de los modelos alimentarios más saludables. La dieta mediterránea tradicional es una rica herencia cultural que nació de la confluencia geográfica, histórica, antropológica y cultural de tres continentes: África, Asia y Europa. A partir de la simplicidad y la variedad, en un entorno hospitalario y climatológicamente templado, fue surgiendo una de las combinaciones de alimentos más equilibrada, completa y saludable del planeta.
Los beneficios para la salud fueron inicialmente descritos en los años 1950-60 cuando se descubrió el papel de esta dieta en las enfermedades coronarias. Los hábitos alimentarios en el área mediterránea llamaron la atención a consecuencia de la constatación de que en los países mediterráneos la incidencia de enfermedades coronarias era significativamente menor que en otros países del norte de Europa. A partir de estas observaciones se produjo una proliferación de múltiples investigaciones relacionando dieta mediterránea y salud.
¿Qué beneficios nos aporta?
Nos protege frente a enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cánceres. Aunque la dieta mediterránea se lleva practicando desde hace mucho tiempo, los beneficios que de ella se derivan se conocen desde hace relativamente pocos años.
En los años sesenta, financiado por la Fundación Reina Guillermina de Los Países Bajos y dirigida por el profesor Ancel Keys , se lleva a cabo el llamado ”Estudio de los siete países” (EEUU, Japón, Finlandia, Holanda, Grecia, Italia y la antigua Yugoslavia). El estudio se realizó para intentar relacionar la alimentación con la aparición de enfermedades cardiovasculares. La duración del estudio fue de diez años y sus resultados se presentaron al principio en los años ochenta. En él se puso de manifiesto la gran diferencia entre el número de muertes por enfermedades cardiovasculares en países como EEUU o Finlandia y otros como Grecia (la isla de Creta era la que salía mas beneficiada). Esa diferencia se achacó a la forma de vida y a la alimentación que llevaban los países de la ribera del Mediterráneo.
¿Qué características tiene?
La dieta mediterránea se ha ido forjando a lo largo del tiempo, y es fruto de la influencia que nos han dejado todos los pueblos que han pasado por estos países: iberos, celtas, griegos, romanos, bárbaros y árabes. Griegos y romanos sentaron las bases de lo que actualmente conocemos como dieta mediterránea con la “trilogía mediterránea”: pan, aceite y vino, presentes desde siempre en nuestra cultura.
Para Homero ser comedor de pan era sinónimo de hombre. Estos elementos continúan con el cristianismo, para el que pan y vino eran fundamentales. Más tarde la relación con los pueblos germanos incorpora la carne a la alimentación; y por último los árabes introdujeron alimentos nuevos como las berenjenas o las alcachofas, y otros tan importantes para la dieta mediterránea como el arroz o la pasta.
A todo este bagaje cultural hay que añadir el descubrimiento de América, gracias al cual conocemos alimentos tan importantes en la elaboración de gran parte de nuestros platos como la patata, el pimiento o el tomate.
La dieta mediterránea no puede ser única ya que son varios los países que la disfrutan, y por tanto cada uno de ellos aporta sus peculiaridades; pero sí hay una serie de características que son comunes a todas ellas.
La dieta mediterránea también contempla una cocción adecuada y respetuosa de los alimentos para no deteriorarlos y en ello la colección efficient de BRA presta una ayuda inestimable gracias a su avanzada tecnología, que cuida los alimentos al cocinarlos.
Más carbohidratos, frutas y verduras
Los hidratos de carbono deben proporcionar el 50% del aporte energético total diario. Conviene que sean carbohidratos complejos (pastas, arroz, patata, pan y legumbres) y no simples (helados y bollería). Las frutas y verduras, ricas a su vez en fibra, nos aseguran las suficientes vitaminas y minerales.
Las grasas o lípidos aportarán aproximadamente el 35% del aporte energético total. Se preferirán las grasas de origen vegetal (frutos secos, aceite de oliva) a las de origen animal. Una excepción es la de los pescados azules (caballa, atún, sardina ...) porque es poliinsaturada y contribuye a prevenir problemas cardiovasculares.
*La ingesta de ácidos grasos saturados debería situarse por debajo del 10%.
* La ingesta de ácidos grasos poliinsaturados no debería ser superior al 8% del consumo energético.
* La ingesta de ácidos grasos monoinsaturados debería proporcionar un aporte energético como máximo del 15%.
Las proteínas aportarán el 15% de la energía total. Las proteínas ayudan a regenerar el tejido del organismo. La proteína de origen animal (huevos, leche, carne y pescado) es más completa que la de origen vegetal (legumbres y cereales). Sin embargo, los vegetales debidamente combinados (por ejemplo lentejas con arroz) aportan una proteína de calidad similar a la animal, pero sin colesterol ni grasas saturadas.
El modelo alimentario mediterráneo se puede resumir en los siguientes consejos:
*Utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición.
* Consumir alimentos vegetales en abundancia: frutas, verduras, legumbres y frutos secos.
* El pan y los alimentos procedentes de cereales (pasta, arroz y sus productos integrales) deberían formar parte de la alimentación diaria.
* Los alimentos poco procesados, frescos y locales son los más adecuados.
* Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogurt y quesos.
* La carne roja tendría que consumirse con moderación y si puede ser como parte de guisados y otras recetas.
*Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación.
*El agua es la bebida por excelencia en el Mediterráneo. El vino se ha de tomar con moderación y con las comidas.
*Realizar actividad física todos los días (tan importante como comer adecuadamente).



